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Una pequeña expedición a El Salvador

Una pequeña expedición a El Salvador

  

En el mes de agosto del año 2006,  gracias a la invitación de Don Francisco Velásquez,  realice mi primer viaje al extranjero, nunca había salido de las fronteras de Guatemala, si bien, se trataba de un breve viaje de tres día a El Salvador, despertó mi entusiasmo de visitar ese país, ya todo estaba coordinado,  el día domingo 13 de agosto de 2006, a las diez de la mañana, me comprometí estar en la frontera de San Cristóbal, en este lugar me esperaría la  familia Velásquez, Don Francisco y su hija Lupita con su esposo e hijo,  y regresar a Guatemala el día 15 de agosto, para aprovechar el feriado en la Ciudad de Guatemala.  Por precaución, llegue una hora antes de lo acordado, con paciencia espere a las diez de la mañana, pasaron quince minutos, veinte minutos, media hora, (…) y Don Francisco no llegaba al punto de reunión,  los minutos pasaron, y sólo hasta entonces me percate que en ese año, Guatemala había adelantado una hora,  en otras palabras, en El Salvador tenía el horario natural (GMT – 06:00), y llegue con dos horas de antelación. 

 

Cumpliendo con su compromiso, Don Francisco llegó a la frontera, gracias a la cooperación Lupita, nos traslado hacia el Parque Nacional Cerro Verde, se puede apreciar de cerca el Lago de Coatepeque.  Cerro Verde, es un complejo volcánico muy bonito, había quedado cerrado desde octubre de 2005, por la erupción del Volcán Santa Ana, este volcán lanzó columnas de gases, ceniza y fragmentos de roca que obligaron a la evacuación de las comunidades asentadas en sus faldas, al menos dos personas murieron a causa de derrumbes.   Este Parque Nacional, tiene tres volcanes, propiamente el Cerro Verde, es un volcán extinto, en su cima se encuentra un bosque nebuloso, dado su altura de 2,030 metros sobre el nivel del mar, desde sus miradores de pueden apreciar los volcanes de Izalco y Santa Ana.

 

El Volcán de Izalco, debido a sus emanaciones de lava que podían verse desde los barcos que cruzaban el océano pacífico, en la noche guiaba a los navegantes, quienes lo bautizaron con el nombre del  Faro de América Central, (su última erupción fue en el año de 1966), actualmente presenta actividad fumarólica.

 

Ilamatepec, es del verdadero nombre del Volcán El Santa Ana (volcán activo), todos lo conocen como el nombre de Santa Ana, por su ubicación en el Departamento de Santa Ana, es el más alto de los volcanes de El Salvador, es un volcán majestuoso y que encierra un ambiente místico, hasta el día de hoy, en mi imaginación constituye la montaña prohibida, de hecho las autoridades salvadoreñas han suspendido las caminatas y ascenso.  Como es tradición para los turistas, captamos algunas imágenes con nuestras cámaras digitales como recuerdo de ese viaje, posteriormente nos trasladamos a la casa de Don Francisco, en Ceiba del Charco, es un Cantón, ubicado en jurisdicción de Sonsonate, en donde me brindaron una cálida bienvenida, sin embargo, debido a mi corta estadía, mi intención de por lo menos de alcanzar  la cumbre del Volcán de Izalco fue difícilmente contenida.  Yo sabía que debía ser paciente, un año después logré llegar a la cima del Volcán Izalco.

 

A finales de julio de 2007, inicié la tarea de obtener información para realizar el ascenso al Izalco, en la página de Internet del Instituto Salvadoreño de Turismo – ISTU – , encontré información, horarios, las recomendaciones, la organización de grupos y la normativa para las caminatas en los senderos, incluso se indica que ningún podrá viajar, sin ser acompañado por un guía voluntario de la comunidad que proporcionará el ISTU y sin ser escoltado por la Policía Nacional Civil de Turismo,  todas estas precauciones no están demás.

 

Vía telefónica me comunique con el personal del Parque Cerro Verde para obtener más información, nuevamente fue prevenido, las camitas hacia el Volcán Izalco, deben acompañados de la Policía Nacional Civil de Turismo, y no esta permito el ascenso al Volcán Santa Ana.

 

No abstante de haber realizado más de veinte ascensos a diferentes volcanes de Guatemala, puedo aseverar con mucha determinación que ningún volcán es igual a otro, todos tienen sus particularidades que los diferencian unos de otros. Pero siempre había viajado bajo la guía y organización de la Escuela de Montañismo de K´ashem, observando las normas y recomendaciones de quienes tienen mucha experiencia en este tipo de actividades, haciendo el viaje mucho más cómodo, todo es relativamente fácil. Pero en esta expedición,  todo cambia cuando, hay que improvisar y adaptarse a las circunstancias, estar atento a cualquier cambio de planes, en un país diferente pero que me sentía en casa, gracias al apoyo y hospitalidad de los hermanos salvadoreños,  y la protección y bendición de Dios Todo Poderoso, el día domingo 12 de agosto de 2007, fue posible alcanzar las cumbres de los Volcanes: Izalco con una altitud de 1,965 msnm y Santa Ana con sus 2,382 msnm.

 

El ascenso a los volcanes se puede considerar como un logro personal, para mi es una lucha contra sí mismo, saber hasta donde llegan nuestros límites, poner a prueba la resistencia, la determinación, sin importar el cansancio, esfuerzo, y no claudicar, máximo cuando la cima de la montaña esta muy cerca,  he aprendido que alcanzar la cumbre es algo que no se debe hacer sólo, a diferencia de otras actividades deportivas, lograr llegar a la cima, se disfruta tanto como el que llega primero como el que llega de último, es más, a la última persona en llegar,  es la que más atención se le presta, los demás compañeros le brindan su apoyo, animándolo (a) a seguir y contemplar desde lo alto, el horizonte.

 

En los viajes en las montañas de Guatemala, he coincidido con Carmen Morataya, en varios ascensos a los diferentes volcanes de Guatemala, incluso en la Sierra de los Cuchumatanes, mencionando entre otros, Volcán Pacaya, Acatenango, Fuego, Suchitán, etc.,  Carmen estudia Psicología en la Universidad Landívar, le distingue un carácter agradable, posee muchas habilidades y virtudes, con su semblante lleno de paz y severidad, siempre procura un ambiente de trabajo calmado, además tiene una sonrisa que me encanta.  Le hice la invitación de viajar a El Salvador y realizar el ascenso a la cumbre del Volcán Izalco, gustosamente aceptó la invitación.

 

Ya estaban hechos todos lo preparativos, realizar el viaje los días 11 y 12 de agosto, previo a esa fecha, el fin de semana anterior, exactamente los días 04 y 05 de agosto, la Escuela Montañismo K´ashem organizó un ascenso al Volcán Pacaya, este volcán nos brindó una inolvidable experiencia, observando muy cerca un río de lava, produjo una pequeña erupción lateral, que hizo que todos saliéramos corriendo, gracias a Dios sólo fue el ¡susto!,  aproveche la oportunidad de platicar con varios personas, entre ellos, Luís y varios amigos suyos viajaron desde El Salvador para ir al Volcán Pacaya, nuevamente pregunté para obtener información del Volcán Izalco, Luís me indicó que Carlos Guerra y otros compañeros tenían planeado ir al Izalco, pero aún no definían fecha del viaje, por lo que vía correo electrónico nos coordinamos en el transcurso de la semana, finalmente la expedición fue conformada por seis guatemaltecos y cuatro salvadoreños, Luís y sus amigos coordinaron la contratación de un microbús, para trasladarnos de San Salvador y Cerro Verde, así también proporcionó su casa para hospedar a seis chapines.

 

No obstante, que aún no había certeza de quienes iban a participar por parte de Guatemala, el día viernes hice las reservaciones para viajar en autobús, las normas de Tica Bus, señalaban que el pasajero debía estar casi una hora antes de la salida del bus, para el pago del boleto, revisión del equipaje y documentos de identificación (pasaporte o cédula), razón por la cual le avisé a los demás compañeros que se deberían presentar a las doce del medio día del sábado, y así evitar inconvenientes, ya casi eran la una de la tarde, Carlos y Carmen estaban a tiempo, pero aún no habían llegado los demás compañeros, como una solemne tradición chapina, Miriam, Ghandy y Ronald, llegaron una hora tarde, cuando el bus estaba casi a punto de partir, lo abordamos, y nos dirigimos con destino a San Salvador, el viaje fue confortante, de los seis participantes, yo soy el más veterano, (por no decir el menos joven) por lo que debía guardar compostura, no pude contener en más de una ocasión la risa, los demás compañeros son entusiastas, alegres, joviales, es decir un grupo moleston, difícil tarea mantener la seriedad.

 

Aproximadamente a las cinco y media de la tarde, arribamos a la estación de San Benito, en este lugar nos esperaba Luís, y sus amigos, en un microbús, el cual nos trasladaría a la casa de Luís, y el día siguiente hacia Cerro Verde.  Que emoción y sorpresa enterarme, que también había la posibilidad de realizar el ascenso al Volcán Santa Ana, alcanzar la cima del Izalco y Santa Ana, en un mismo día, en consecuencia, madrugar, y salir desde San Salvador aproximadamente a las cinco y media de la mañana, sin embargo, ya había acordado previamente con Carmen, de trasladarnos hacia Sonsonate, y quedarnos en la casa de mi gran amigo, Don Francisco, nuevamente Lupita y su esposo nos brindaron su cooperación para trasladarnos hacia la casa de Don Francisco, en donde nos dieron una cálida bienvenida, nos sirvieron un vaso de fresco, y Don Francisco lanzó la pregunta, de que estaba hecho el fresco?. Para serles franco, no estaba seguro, era la primera vez que mi paladar percibía ese sabor, cada uno de los presentes dio su respuesta, debido a que era ya muy tarde,  Lupita y su esposo, emprendieron el retorno hacia San Salvador, no sin antes, agradecerles su apoyo, después de unos minutos, Don Francisco nos proporcionó una deliciosa cena, y degustamos de las tradicionales popusas.

 

Algo que caracteriza a Don Francisco, es su habilidad para entablar conversación, platicamos de varios temas durante horas, sin percatarnos que eran más de las once de la noche, y el día siguiente teníamos que madrugar, el día domingo, nuestra jornada empezó a las cuatro y media de la mañana, con una gratificante ducha y un suculento desayuno, el tiempo apremiaba, aún no había terminado de desayunar, cuando sonó mi teléfono celular, la llamada era de los compañeros que se quedaron en San Salvador, indicándome que se dirigían en el microbús hacia el punto de reunión, en la gasolinera que esta en el cruce de la carretera hacia Cerro Verde, estimaban que llegarían aproximadamente a las seis de la mañana, rápidamente nos preparamos para trasladarnos en bus desde la carretera desde Sonsonate, hacia el cruce de Cerro Verde, en donde nos esperaban los demás compañeros, finalmente la expedición esta totalmente integrada.

 

En el trayecto hacia Cerro Verde, pudimos observar el Lago de coatepeque, detuvimos la marcha, y descendimos del microbús, captamos algunas imágenes de un bello paraíso natural, situado en el Centro Occidente de El Salvador, muy cerca de los Volcanes Izalco y Santa Ana, por su origen volcánico, tiene la característica de una forma casi circular, sus aguas tienen una coloración azul, bordeada de una vegetación exuberante. Lamentablemente las arenas del tiempo se consumían, proseguimos nuestro camino hacia las cumbres de Cerro Verde.

 

Aproximadamente a las siete de la mañana llegamos a Casa Cristal, he ahí el inicio de nuestra caminata a los volcanes, es un área grande y verde, posee varias cabañas para pernoctar, ideal para disfrutar con toda la familia de un entorno ecológico, además se puede acampar,  el microbús fue estacionado, y nos dieron la bienvenida los GuardaParques,  es el personal que cuida el parque, preguntamos como cuanto tiempo duraba la camita hacia el Santa Ana, la estimación era de una hora, pero, fuimos advertidos, que las autoridades han suspendido las caminatas en los senderos que conducen a la cima del volcán, bueno, no había otra alternativa que hacer el ascenso al Izalco, antes de iniciar la caminata, solicite a los demás compañeros, hacer la oración del montañista, esto es parte de lo que aprendí en la Escuela de Montañismo K´ashem, es en esencia, la forma en que pedimos permiso a Dios Todo Poderoso, su bendición y nos acompaña a donde quiera va vayamos, de esto puedo dar testimonio, de un incidente ocurrido a 35 montañistas entre los Departamentos de Sololá y Totonicapán del que todos sobrevivimos el día 11 diciembre de 2004, pero este un tema que describiré en otra oportunidad.  

 

Dicha oración la trascribo a continuación:

 

Señor, hoy inicio otra empresa en mi vida,

Y para lograrla humildemente te pido

Que derrames tu bendición sobre mi y sobre mis compañeros

Dame Oh Señor, la inteligencia para buscar la ruta

La fuerza para lograr la cumbre

La cordura para evitar el peligro

Y el entusiasmo para admirar tu obra

Si pierdo el camino, dame Oh Señor, el temple para no desfallecer

Dame también Señor, la sabiduría para que con mis actos

Dignifique a mi patria a mis compañeros y a mi familia.

Amén.

 

Eran más de las siete de la mañana, cuando iniciamos el recorrido, el grupo fue guiado nuestro amigo, William, quien posee bastante experiencia e incluso ha realizado varios ascensos a los volcanes de Guatemala, en una vereda muy accesible, pasando por varios atajos a una carretera de terracería, cruzando por el área boscosa que se dispersa abruptamente al llegar a la base del Volcán Izalco, donde empieza a observarse la lava solidificada, mi asombro fue mayor, al observar variedad de vegetación en ese lugar, si tomamos en cuenta que hace un poco más de cuatro décadas, que ceso la actividad del volcán. Se puede subir al volcán por varios senderos, algunos están bien marcados, que evidencian el paso de muchas personas por el camino más corto hacia la cima del volcán.

 

 

Dadas las condiciones meteorológicas, la mayor parte del tiempo permaneció nublado, alrededor de las nueve de la mañana, alcanzamos la cima del Volcán, no pude disimular mi emoción, en la cumbre del Volcán Izalco, diez montañistas (seis guatemaltecos y cuatro salvadoreños) y compartieron esos momentos, aunque parezca insignificante, es un hecho trascendental en mi experiencia de ascenso a los volcanes, se trataba de mi primer cumbre internacional, realizamos un recorrido alrededor del cráter, captamos algunas imágenes con las cámaras digitales, hicimos un reagrupamiento para descansar y algunos aprovecharon para desayunar.  Los minutos pasaron volando, era el momento de emprender el regreso, caminamos por el sendero que es conocido con el nombre de tobogán,  es un descenso casi en línea recta, conformado por arena y piedras sueltas, con toda precaución descendimos, debido a que con facilidad las piedras se pueden derrumbar y caer precipitosamente, enfilando nuestros pasos hacia el bosquecillo, mejor dicho, así se ve le bosque desde la cima del volcán.  Nos acompaño una leve llovizna, como una refrescante y gratificante brisa.  

 

Al llegar a Casa Cristal, descansamos unos momentos, aprovechamos para realizar paradas técnicas, hacer llamadas telefónicas, etc., después de un receso de casi media hora, divisamos a escasa distancia el Volcán Santa Ana, ligeramente nuestro animo decayó, de manera imprudente, ejecutamos nuestro plan, estábamos concientes que el ascenso no esta permitido por las autoridades salvadoreñas,  por decisión unánime, en caso de que las autoridades nos impidieran continuar, argumentaríamos que por ser de Guatemala ignorábamos la suspensión de caminatas hacia el volcán , con paso cauteloso, con la complicidad de la neblina que rodeaba el lugar, nos dirigimos hacia la población de San Blas, observamos casas abandonadas, un espectáculo desolador, varias poblaciones fueron evacuadas con el fin de ayudar a disminuir y evitar los daños producto de la actividad del Volcán, incluso aún reportan pequeños temblores, sin embargo, no encontramos en el camino a ninguna persona.

 

Siguiendo el sendero que nos conducía, por una vereda entre una exuberante vegetación  a la cima del volcán Santa Ana, en un ambiente de mucha nubosidad, al aproximarnos al volcán, la formación boscosa terminaba en donde la ladera del volcán es mas inclinada, hay rastros de ceniza y se percibe en el aire restos del contenido químico  de las fumarolas y/o gases liberados, aunque no estoy seguro si solo se trataba de vapor de agua, o de dióxido de azufre, monóxido de carbono y sulfuro de hidrógeno, que son comunes en los volcanes activos, bordeando la montaña, continuamos la marcha, aunque hay poca vegetación, predomina la presencia plantas de una variedad de agave –  maguey –, al llegar a una roca que tiene pintada  una flecha que señala un desvió del camino directamente hacia la cima, tome la iniciativa de adelantarme, al cabo de unos minutos, realizamos un reagrupamiento, reanudamos la caminata, a unos pasos  me seguía Ronald, y muy cerca el resto del grupo.

 

Muy próximo a la cumbre del Santa Ana, experimente una sensación indescriptible, enigmática, casi mística, no se si fue producto del cansancio, la deshidratación,  quizás me quede dormido durante un breve lapso de tiempo, pero durante unos segundos no supe como reaccionar, indeciso, me quede quieto, mi sorpresa fue mayor, al percatarme que estaba solo, únicamente se escuchaba en el horizonte, el viento, el que estaba más cerca de mi, era Ronald, a una distancia como de 150 metros, y el resto del grupo muy distante, opte por no comentarles de esto al grupo, quizás ese misterio me sea rebelado algún día, si me preguntan, responderé que sólo fue un  sueño, en la orilla del cráter, di gracias a Dios, por permitirme disfrutar de aquel espectáculo inigualable.

 

El Santa Ana, tiene un cráter amplio y circular, casi de una milla de diámetro (kilómetro y medio), aunque no pude estimar la profundad del cráter, calculo que tenia como unos trescientos metros, en el fondo del cráter, tiene una pequeña laguna con agua acida con una coloración muy particular, y una constante emisión de gases, por limitaciones de tiempo, no intente bordear el cráter, el viento soplaba monedadamente, aunque habían algunas ráfagas muy fuertes, era una suave brisa.  Procure tomar varias fotografías, sin embargo no pude captar la imagen completa del cráter.

 

A paso lento pero seguro, los demás compañeros alcanzaron la cima, aproximadamente a los dos de la tarde, con excepción de un compañero, quien se opto por quedarse muy cerca de la cima, a consecuencia de algunos dolores o calambres.  En condiciones normales, nosotros siempre ayudamos a todos a alcanzar la cumbre,  sin embargo no había tiempo, y además no se podía permanecer por mucho tiempo cerca del cráter, se percibe un fuerte olor a azufre, a petición del mismo compañero, quien nos esperaría y se integrara nuevamente, cuando el grupo emprendiera el retorno. Fue un gesto solidario de su parte, todos estamos consientes que el ascenso debía ser en el menor tiempo posible,  la vista era impresionante, a todos nos llamó la atención, un esplendido paisaje, debido a nuestra brevísima estancia en la cima, olvidamos tomar la foto del grupo en la cumbre, previamente, algunos captaron imágenes en forma individual, posando en la cumbre, alguien mencionó que era tarde para regresar a San Salvador,  en ese momento le pedí a Luís, que pronunciara la oración de cumbre, y que todos le acompañaron;

 

Oración de Cumbre.

 

Señor de las cumbres, mi Señor de las montañas

Frente al cielo inmenso, escabel de tus pies

Yo digo mi oración encendida

Hazme un ser ávido de altura y plenitud

Recio como estos picachos altivos

Amigo del silencio, contemplador de estrellas

Hazme generoso, que no me quede en la cumbre

Que baje iluminado lleno de tu verdad

Y ayude en el valle a mis hermanos

Dame un corazón grande como el horizonte

Indómito para la injusticia y la mentira

Sediento de infinito, que solo en ti se sacié.

Amén.

 

Acto seguido, emprendimos el retorno hacia el microbús, nuevamente el grupo estaba integrado en su totalidad,  retomamos en el sendero que discurre por la ladera del volcán, cruzando por la vereda que conduce la población de San Blas, la lluvia nos dio un refrescante bienvenida, siempre he dicho que en la montaña, la lluvia es parte del paisaje,  en el lugar donde se encontraba estacionado el microbús, no todos llevaron poncho de agua, algunos aprovecharon para realizar un cambio de ropa, limitados por el tiempo, emprendimos el regreso a la Ciudad de San Salvador, sabíamos que a las cuatro de la tarde salía el último bus con destino a Guatemala.

 

Mi primer preocupación al llegar a San Salvador, fue disipada, aunque eran ya más de la cuatro y media de la tarde, el último bus hacia Guatemala no había partido, fugazmente nos despedimos de los compañeros salvadoreños,  realizamos el pago de boleto y abordamos en forma precipitada el bus, cada uno de los participantes llegaron seguros a sus respectivos hogares. 

 

Agradezco a Dios por el éxito de esta pequeña expedición, a los hermanos salvadoreños muchas gracias por brindarnos su hospitalidad y apoyo que hicieron posible alcanzar las cumbres de los volcanes Izalco y Santa Ana,  a Carlos, Carmen, Fredoman, Giovanni, Ghandy, Luís, Miriam, Roland y William por acompañarme en este inolvidable viaje, que Dios los bendiga hoy y siempre.

Fotos de este viaje en http://picasaweb.google.com/blagmiro/VolcanDeIzalcoYSantaAna 

Hasta la próxima cumbre.

 

Blagmiro Contreras

Por Blagmiro - 14 de Enero, 2008, 10:32, Categoría: General
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Sierra de los Cuchumatanes

SIERRA DE LOS CUCHUMATANES

La Sierra de los Cuchumatanes, es una cordillera situada en el Occidente de Guatemala, entre los departamentos de Huehuetenango y Quiché, supera los 3,700 metros de altitud y en su punto más elevado, alcanza los 3,864 MSNM, es la cadena montañosa de mayor elevación de Centroamérica,  en altitud, sólo lo superan los volcanes Tajumulco (4,220 m), Tacaná (4,093 m) y Acatenango (3,976 m),  en época de frío, algunas veces el rocío de la noche se congela, la escarcha cubre sus suaves colinas, la topografía del terrero es variada así como la vegetación (abundan los bosques de pino), el suelo es montañoso, predominan las depresiones, precipicios, despeñaderos y barrancos, pero posee una vista panorámica fantástica.

Por segunda vez, tuve la oportunidad de viajar a este lugar en los días uno y dos de diciembre bajo la organización de la escuela de montañismo  y escalada K´ashem, además contamos con el privilegio de un excelente clima al caminar en un pequeño trayecto de unos 20 kilómetros aproximadamente, y quizá en este mismo lugar hace casi 500 años, inició su peregrinaje el guerrero Kaibil Balam, príncipe y posteriormente Rey del Señorío Man (la Sierra de los Cuchumatanes tiene una longitud de unos 400 kilómetros, en este lugar se dieron grandes acontecimientos históricos durante la conquista), como una túnica blanca, las nubes visten estas altas montañas enlazadas entre si y se mezclan con las planicies muy cerca de los cielos, es uno de los sitios de los antiguos habitantes que resistieron a las fuerzas invasoras luchando por su libertad en la época de la conquista española.

Existen testimonios como una crónica o narración maravillosa que ha perdurado en el tiempo, protagonizada por un personaje heroico, me refiero a Kaibil Balam  (el que tiene la fuerza y la astucia de dos tigres) fue el Rey del impero Man, fue considerado un estratega, en desventaja se atrincheró contra los españoles pero capituló en Zaculeu por el hambre, más no por la fuerza de las armas de los conquistadores, se sublevó ante las fuerzas de enemigo, defendió su territorio desde las montañas, la historia relata que fue el guerrero que jamás fue capturado por el conquistador Pedro de Alvarado, por el entrenamiento militar de los selectos guerreros del imperio Man, en honor a Kaibil Balam, hasta el año 2004, La Brigada de Fuerzas Especiales, Fuerzas de Tierra, del Ejercito de Guatemala, se le conocía con el nombre de "Comando de Fuerzas Especiales Kaibil"    

Como una tradición oral que se conserva hasta nuestra época, es interesante conocer el origen de los nombres de los lugares de Guatemala, y que ha llamado mi atención Huehuetenango.

"El nombre de Huehuetenango fue tomado de la cabecera departamental, la cual en la época prehispánica se conocía como Shinabajul o Xinabajul que significa entre barrancos, capital del señorío de los Mames. Huehuetenango fue y sigue siendo el principal asiento del grupo lingüístico Mam.

Durante la época prehispánica, el señorío mam era de los más vastos territorialmente, pues comprendía los departamentos de Huehuetenango, Totonicapán, Quetzaltenango, San Marcos y la provincia de Soconusco (ahora territorio mejicano); pero debido a las cruentas luchas entre las diferentes tribus, este territorio fue desmembrado, especialmente por la invasión de los quichés al mando del rey Quicab, conocido como Quicab el grande, y sus aliados los cakchiqueles, obligando a los mames a abandonar parte de sus extensos dominios, replegándose a la parte montañosa, en especial Huehuetenango y San Marcos, aunque actualmente todavía existen pueblos mames en el departamento de Quetzaltenango, como en los municipios de Cabricán, Huitán, San Juan Ostuncalco, Concepción Chiquirichapa, San Martín Sacatepéquez y otros.

La ciudad de Huehuetenango fue fundada por Gonzalo de Alvarado en 1524 al finalizar la conquista de la antigua capital precolombina de los mames: Zaculeu que significa Tierra Blanca.

Mucha gente descendiente de los mames, aún vive en los municipios aledaños al Municipio de Huehuetenango y las Ruinas del antiguo centro ceremonial de Zaculeu constituyen una atracción turística ubicada a cuatro kilómetros del Parque Central de la ciudad**.

Durante la conquista, los indígenas tlaxcaltecas y mexicas que acompañaban a los españoles, le cambiaron el nombre por Ueuetenango que algunos interpretan como lugar de los viejos, aunque posiblemente le llamaron así por la abundancia del árbol llamado sabino, que abunda en los márgenes del río Selegua y que en México se conoce como ahuehuetle, por lo que los mexicanos lo llamaron ahuehuetles, o sea Ahuehuetlenango, que posteriormente se cambió por Ueuetenango, Vevetenango, Güegüetenango, hasta llegar a lo que hoy se conoce como Huehuetenango."

Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre

Cerca de las cinco y medio de la mañana del sábado y primer día del último mes del año 2007, cuando el alba anunciaba las primeras luces del día sábado, llegamos al lugar conocido con el nombre de Paquix, el viaje de más de seis horas en autobús fue extenuante, el autobús se estacionó frente al comedor (restaurante) "Los Cuchumatanes", fue necesario esperar hasta el horario de atención, y llegada la hora de atención nos proporcionaron un sencillo pero delicioso desayuno, momento en el cual se integro nuestro amigo y anfitrión: Pablo Jerónimo Ramírez además de ser guía y traductor Mam (domina varios dialectos) es parte de la autoridad local, debido a que al lugar a visitar es un área protegida, cuenta con la cooperación y supervisión de las autoridades de la comunidad, es necesario tener la autorización y ser acompañado de un representante de las autoridades locales. 

Después de desayunar, nos trasladamos hasta el lugar en donde iniciamos la caminata, el frío reinante nos acompaño paso a paso entre planicies y lomas, se puede acceder por medio de caminos de terracería en donde transitan vehículos livianos (pick up) y pesados (camiones) para la extracción de madera y otros productos agrícolas, que bordean las suaves colinas adornadas de bosques pocos densos de árboles de pino y la escasa vegetación existente para alimento de algunos rebaños de ganado ovino y caprino, es de notar que grandes extensiones de terreno han sido utilizadas para cultivos anuales, entre los que predomina la papa y el maíz, estos productos forman parte principal de la dieta alimenticia de las comunidades.

Se puede apreciar sobre la superficie rocosa, yacimientos de cuarzo, mineral formado por sílice, caracterizado por fracturas de formas diversas, brillo vítreo, de diferentes coloración según las sustancias con que esta mezclado pero tan duro que puede rayar cuerpos sólidos, algunas orillas de la piedra de cuarzo poseen filo, por no tomar las precauciones del caso en la manipulación de las piedras de cuarzo, y ante la curiosidad de algunos compañeros, como un recuerdo del viaje al momento de obtener pequeños fragmentos de piedras de cuarzo de otras de mayor tamaño, algunos se provocaron leves heridas en los dedos o manos.

Aparentemente la caminata es fácil, sin embargo, cualquier actividad física requiere un mayor esfuerzo, a esa altitud las moléculas de oxigeno están más dispersas dificultando la respiración, máximo si no se esta acostumbrado a estas tierras altas, una vez que recuperamos el aliento, una sensación de bienvenida inundaba nuestros corazones, en lo alto de la Sierra de los Cuchumatanes al llegar al lugar conocido como "La Torre", es una colina, en su cima (3,864 m) se encuentran unas instalaciones empleadas en la radiocomunicación, posee una estructura metálica que soporta algunas antenas, y la energía para su funcionamiento es abastecida por paneles solares. Nuestro anfitrión: Jerónimo nos relato la historia de ese lugar, también nos dijo que el nombre de ese lugar en dialecto Mam, traducido al español es "Peña Roja" el nombre de "La Torre", se le dio durante el conflicto armado, el Ejercito instaló una antena, y desde entonces se le conoce con el nombre de "La Torre", después de realizar los actos de cumbre, como a una hora de camino, nos dirigimos al área de campamento.

El área para acampar, se hace muy cerca de una depresión del suelo que durante el invierno – época de lluvia –, se forma un  depósito natural de agua estancada, es decir una pequeña laguna, conocida con el nombre de "Laguna de Ordóñez",  sin embargo en la estación de verano se seca por efecto de la evaporación, razón por la cual no posee riqueza biológica, en otras palabras no tiene peces, no obstante de que nuestra visita se realizó en verano, esta vez contamos con la suerte que la laguna si tenia agua, aunque es poco profunda, tiene singular belleza encantadora entre los bosques de confieras, esencialmente pino (Pinaceae), aunque hay muchas especies de plantas leñosas, principalmente Juniperus Standleyi Steyermark y en menor proporción el famoso pinabete (Abies guatemalensis Rehder)

Una vez instalado el campamento, un grupo de diez montañistas aprovecharon la topografía del terreno para realizar varios ejercicios de entrenamientos físicos con motivo a la expedición a los Nevados Mexicanos que realizarán a finales de año, sin embargo sucedió un pequeño accidente a una compañera, en uno de los entrenamientos, al descender de una formación rocosa, cerca de la laguna, una piedra de regular tamaño rodó, precipitándose sobre la mano derecha de Georgina, afortunadamente no causo fractura, pero si una considerable herida que daño el tejido de la piel de uno de sus dedos, provocándole una copiosa hemorragia, que amerito prestarle los primeros auxilios, a los pocos minutos se detuvo la hemorragia y se le colocó un apósito, lamentablemente este incidente le impidió continuar con los ejercicios de entrenamiento que duraron toda la tarde hasta que el sol se ocultó, pero no le impidieron de participar en las demás actividades de grupo manteniendo una actitud positiva.

En este bello paisaje nos sorprendió el día domingo, las arenas del tiempo se consumían, como una fugaz visita, era tiempo de emprender el regreso, no obstante con gran alegría y libertad disfrutamos de nuestra estancia, es importante indicar que situado muy cerca de la laguna, hay un nacimiento de agua – una abertura entre las rocas, como una especie de pozo poco profundo – protegido por un perímetro de postes de madera con alambre de púas, en su interior, un cerco de piedra rodea el pozo, este depósito natural de agua se caracteriza por una agradable sensación de ser un recinto sagrado, los habitantes de las comunidades aledañas lo utilizan para abastecerse de agua, alrededor de este lugar hay una planicie, da la apariencia de haber sido acondicionado para un campo de foot ball, lo cual fue aprovechado por los montañistas (llevaron un balón de foot ball), organizaron dos equipos y practicaron un poco de balónpie, literalmente un encuentro deportivo de altura, (aproximadamente a 3,700 MSNM)  posteriormente continuamos la caminata para regresar a la Ciudad de Guatemala.      

También aprovechamos para visitar el Mirador Juan Diéguez Olaverri, situado en lo alto de las Sierra de los Cuchumatanes, posee una espléndida vista de la región, puede verse entre las  montañas, llanuras y nubes el valle, distinguiéndose entre otras, las ciudades separadas por depresiones y valles, tales como Chiantla y Huehuetenango, se pueden apreciar varios volcanes, los más notorios, el volcán Tajumulco y el Santa María, luego el autobús continuó la marcha, trasladándonos a la Ciudad de Guatemala., culminando con mucha alegría este viaje

Sólo en el presente viaje, hay tanto que describir de la impresionante Sierra de los Cuchumatanes y no es mi intención aburrir al lector, en el Mirador, hay un monumento, en el cual se puede leer un poema, es uno del legado que dejo Juan Diéguez Olaverri para las presentes y venideras generaciones, el cual transcribo a continuación:

A los Cuchumatanes

¡Oh cielo de mi Patria!

¡Oh caros horizontes!

¡Oh azules, altos montes;

oídme desde allí!

La alma mía os saluda,

cumbres de la alta Sierra,

murallas de esa tierra

donde la luz yo vi!

Del sol desfalleciente

a la última vislumbre,

vuestra elevada cumbre

postrer asilo da:

cual débil esperanza

allí se desvanece:

ya más y más fallece,

y ya por fin se va.

En tanto que la sombra

no embargue el firmamento,

hasta el postrer momento

en vos me extasiaré;

que así como esta tarde,

de brumas despejados,

tan limpios y azulados

jamás os contemplé.

¡Cuán dulcemente triste

mi mente se extasía,

oh cara Patria mía,

en tu áspero confin!,

¡cual cruza el ancho espacio,

ay Dios que me separa

de aquella tierra cara,

de América el jardín!

En alas del deseo,

por esa lontananza,

mi corazón se lanza

hasta mi pobre hogar.

¡Oh, dulce madre mía,

con cuanto amor te estrecho

contra el doliente pecho

que destruyó el pesar!

¡Oh, vosotros que al mundo

conmigo habéis venido,

dentro del mismo nido

y por el mismo amor;

y por el mismo seno

nutridos y abrigados,

con los mismos cuidados,

arrullos y calor!

¡Amables compañeros,

a quienes la alma infancia

en su risueña estancia

jugando me enlazó

con lazo tal de flores,

que ni por ser tan bello,

quitárnosle del cuello

la suerte consiguió!

Entro en el nido amante

vuelvo al materno abrigo:

¡Oh cuánto pecho amigo

yo siento palpitar,

en medio el grupo caro,

que en tierno estrecho nudo

llorar tan sólo pudo,

llorar y más llorar.

¡Oh cielo de mi Patria!

¡Oh caros horizontes!

¡Oh ya dormidos montes

la noche ya os cubrió!:

adiós, oh mis amigos,

dormid, dormid en calma,

que las brumas en la alma,

¡ay, ay! las llevo yo.

JUAN DIÉGUEZ OLAVERRI

Que Dios nos bendiga hoy y siempre.

Hasta la próxima cumbre.

Blagmiro Contreras

Por Blagmiro - 6 de Diciembre, 2007, 10:49, Categoría: General
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La Trilogía

LA TRILOGIA

Las Tres Montañas Sagradas;

Volcanes de Agua, Fuego y Acatenango


En el segundo semestre del año 2004, cuando recién había iniciado los ascensos a las cumbres de los volcanes de Guatemala, escuche hablar con asombro, acerca de la actividad más difícil del montañismo guatemalteco, La Trilogía, esta consiste en alcanzar, en un mismo viaje (generalmente en un fin de semana) las cumbres de los centinelas de la meseta central de Guatemala,  me refiero a los volcanes: Agua, Fuego y Acatenango, es una especie de peregrinaje, en donde la tierra y sus elementos ofrecen un esplendido paisaje, adornado de singular hermosura y perfección, pero que someten a muy difícil prueba; la fuerza, voluntad y determinación de aquellos simples mortales que intentan alcanzar la cima de estos tres colosos,    La Trilogía –.

Como es tradicional, nuestro punto de reunión fue en Tikal Futura, no obstante que en el correo electrónico que envió K´ashem por medio del cual hicieron la invitación para La Trilogía, señalaba como hora de partida e inicio de esta expedición, las nueve de la noche del viernes 26 de octubre de 2007, algunos (as) compañeros (as) se integraron con varios minutos de retraso, abordamos el autobús que nos trasladaría desde la Ciudad Capital hasta las proximidades del Volcán de Agua, muy cerca de las poblaciones San Juan del Obispo y Santa María de Jesús,  previo Roberto de León (es una gran persona y una leyenda en el montañismo de Guatemala, su legado, entre otros:  pionero y creador de la actividad que estábamos a punto de iniciar  La Trilogía),   giraba las instrucciones a seguir e impartía las recomendaciones del caso.

El Volcán de Agua está situado entre los departamentos de Escuintla, Sacatepéquez y Guatemala. Tiene una altura de 3,776 metros y los indígenas kaqchikeles lo conocían como Hunapú. Tiene un cono simétrico muy bello y ha sido uno de los volcanes más visitados y fotografiados por los turistas nacionales y extranjeros, lamentablemente la delincuencia se ha adueñado de este volcán, al ascenso a este volcán se ha tornado muy peligroso, deben extremarse todas las medidas de seguridad, para minimizar el riesgo o continencias de asaltos, adoptar las precauciones, bajo la organización de la Escuela de Montañismo K´ashem, se coordinó el ascenso y descenso con el acompañamiento de varios agentes de la Policía Nacional Civil.

Casi a la media noche de viernes arribamos al lugar conocido con el nombre de "La Cruz", el firmamento estaba despejado lo que nos permitió disfrutar de la caminata en la noche – mejor dicho madrugada – y una visión sin obstáculos de luna llena, previo al inicio de la caminata, realizamos la "Oración del Montañista" posteriormente emprendimos nuestro viaje, dejando atrás el autobús con el equipo completo, solo portamos una mochila pequeña con ropa de abrigo, algunos alimentos y bebidas hidratantes, en un camino de terracería,  la claridad derramada por la luna, nos permitía un paso constante y seguro.

La mayor parte del ascenso al Volcán de Agua es relativamente cómodo, posee varios caminos que serpentean su ladera, las veredas proporcionan un acceso entre siembras y cultivos de café, maíz y otros productos agrícolas, que abrevian el camino, pese haber hecho varios reagrupamientos, la falta de sueño, el cansancio y bajas temperaturas muy inferior a las del ambiente a que estoy acostumbrado, habían disminuido mi ánimo, a paso lento, la luna seguía brillando, por momentos era imposible estar despierto, como sombra débil entre la luz y la oscuridad, que no deja percibir dónde empieza la una o acaba la otra, caminé como un sonámbulo, pero no era el único, creo que la mayoría no les fue fácil la vigilia, tal es el caso que dos personas optaron por abandonar el viaje – aproximadamente a la mitad del ascenso al volcán –  y se regresaron acompañados por uno de los guías, "El Tocayo".

Situados a gran altitud, en el horizonte, una sonriente aurora nos anuncia el nacimiento de un nuevo día, con su característica luminosidad – luz sonrosada que precede inmediatamente a la salida del sol – hizo resucitar nuestro entusiasmo y alegría porque también la cima del Volcán de Agua estaba muy próxima, y en el cosmos al surgir el sol, reemplazo al satélite natural de la tierra, en lo solitario una tenue luna se despida lenta pero discretamente de nosotros, a lo lejos, entre las nubes, se distinguen las luces de la Ciudad de Guatemala  y el Lago de Amatitlán reflejando la luz del amanecer con nublados parciales.

No me había percatado, pero en el sendero, despertó mi curiosidad observar unas machas de color blanco que sobresalían en la mayor parte del camino, al principio pensé que se trataba de minerales como arena o restos sedimentarios que le daban esa coloración, y descubrí que se trataba de hielo – una especie de escarcha, capas de hielo cristalino que se forman sobre las superficies expuestas a la intemperie y que se han enfriado lo suficiente como para provocar la congelación del rocío o del vapor de agua contenido en el aire –  que adornaba el camino.

Casi  a las siete horas de la fría mañana del sábado alcanzamos la cima del Volcán de Agua, este posee un pequeño cráter y fondo plano, calculo que tiene una circunferencia de unos 30 metros aproximadamente, al fijar la vista sobre la entrada, en el sendero que conduce a la cima, inmediatamente se aprecian las torres y antenas que invaden el paisaje, un pequeño bosque asentado dentro y sobre las paredes algo inclinadas del cráter, le da un toque peculiar, sobre todo porque en el cráter hay una pequeña portería y a un costado una cruz.

Hasta 1541, probablemente el cráter contenía en su interior una laguna, quizás la actividad sísmica del Volcán de Fuego influyeron en el debilitamiento de las paredes del cráter y provocaron el deslave que destruyó la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala fundada por Pedro de Alvarado, al fondo del cráter, rozando la circunferencia, muy cerca del acceso a la cima, casi en total abandono, hay una construcción de piedra y techedumbre de zinc – lamina galvanizada – se utiliza como refugio y también para propósitos religiosos, en su interior se encuentra un Cristo Negro.

En toda la cumbre puntiaguda del volcán que rodea el cráter, se encuentran erigidas las construcciones de block y mampostería reforzada que guardan los modernos equipos de las repetidoras de las señales de radiofrecuencia y bases de las torres y antenas de telecomunicaciones que acaparan la vista a muchos kilómetros de distancia al observar desde muy lejos al Volcán de Agua. 

Dando tiempo a que se reincorporara "El Tocayo" – acompaño a dos personas que regresaron a medio ascenso del volcán hacia la población de Santa María de Jesús –, aprovechamos para desayunar y conciliar el sueño, sin embargo, las arenas del tiempo se consumían y se dio la orden de continuar, cerca de la ocho de la mañana, hicimos nuestra "Oración de Cumbre", nos agrupamos para la tradicional foto de cumbre – creo que sólo se uso una cámara, si no me equivoco fue la de Edgar Rivera -, reanudando así nuestra marcha, se visualizaban imponentes y formidables los volcanes Fuego y Acatenango.

No tenía de la menor idea de cómo sería el descenso del Volcán de Agua hacia Alotenango, si bien se trataba de bajar de la cima – tarea aparentemente fácil –,  fuimos prevenidos que el descenso no sería fácil, y algunos les provocaría lesiones, especialmente en las rodillas.  Al iniciar la bajada, predominan una escasa vegetación, maleza, pajonales y algunos pinos, realmente muy pocos árboles, conforme descendemos, visualizamos unos increíbles paisajes, totalmente despejado, hacia el sur, se aprecia una vista parcial del litoral pacífico; al frente, la ciudad de Alotenango, sin embargo ¡que sorpresa no llevamos, aún se ven muy lejos los volcanes Fuego y Acatenango!

Prácticamente no hay sendero, muy pocas personas bajan del Volcán de Agua hacia Alotenango, la vegetación es mucho más densa, es decir bosques húmedos tropicales, caracterizado por un terreno desigual, pero con flora y fauna abundante, una zona muy rica en biodiversidad, a pesar de ello se improviso una vereda en dirección hacia Alotenango, avanzamos con paso prudente, la vereda tenia un considerable desnivel con cierta pendiente, dificultado el paso, propicio a resbalarse y caer varios metros sin poder detenerse, más de alguien esbozo alguna sonrisa e incluso escuche carcajadas por la caída algún compañero (a), en una especie de rampa muy difícil de bajar, – a excepción de algunos raspones – afortunadamente nadie se lesiono en esta rampa. A los pocos minutos no dio alcance "El Tocayo" quien había bajado del Volcán de Agua hasta Santa María de Jesús.

Gradualmente la pendiente del terreno es menos inclinada, en este hermoso bosque que alberga muchas especies, existe la probabilidad de su pérdida de hábitat,  hay evidencia de que esta zona ha sufrido una deforestación extensiva y muchos agricultores locales practican la agricultura de tala y quema, finalmente encontramos un sendero, hicimos un reagrupamiento, leves lesiones en tobillos y rodillas se habían manifestado en varias personas, sin embargo aún faltaba mucho por caminar, y esto agravaría su condición. –Fueron momentos difíciles, en el ascenso y descenso al Volcán de Agua reclamó las lágrimas de varios montañistas –.

Aproximadamente a las dos de la tarde, los primeros montañistas llegaron a Alotenango poco a poco fueron llegando los demás, en el ínterin aprovechamos para almorzar y abastecernos, recobrar un poco las energías, pacientemente esperamos a la llegada de los últimos, algunos sus lesiones se les resintieron, incluso los indecisos optaron por no continuar, quedarse en Alotenango y regresar a sus hogares, excepto por las lesiones, la primera etapa de La Trilogía concluyó con éxito.

A partir de este lugar – Alotenango –, los que tomaran la decisión de continuar La Trilogía, habían recibido advertencia y prevención, consientes de que los guías no regresarían para acompañar a los que tiraran la tolla, la misión era clara, alcanzar las siguientes dos cumbres (Fuego y Acatenango), aún así, más de cuarenta personas de diferentes edades incluso algunos niños, entre los participantes habían montañistas aficionados, novatos, así también montanistas experimentados y profesionales, aceptaron el reto de continuar.

Aproximadamente a las cinco de la tarde se inicio la caminata hacia el Volcán de Fuego, en un camino de terracería, encontramos en nuestro recorrido hacia la siguiente cumbre, a algunos pobladores y sus bestias de carga, transportan leña y productos de las cosechas y siembras.  Con nostalgia se apreciaba muy distante el Volcán de Agua, en nuestro viaje había quedado atrás, no sin antes haber consumidos a los montañistas la mayor parte sus energías, sin embargo aún había alegría en sus corazones y en sus ojos.

Una ardua jornada nos esperaba, se estimaba que llegaríamos a la Horqueta – La meseta donde convergen los volcanes Fuego y Acatenango – lugar donde acamparíamos, a eso de las dos o tres de la madrugada del día domingo, que posibilidades habrían de realizar la travesía, considerando el factor del desvelo agravado por el cansancio, alrededor de cuarenta horas sin dormir, lo inevitable estaba apunto de suceder. Al caer la noche, se vio cómo la luz del día y el crepúsculo se fundían en una misma cosa, a paso lento, los segundos se transformaron en minutos, los minutos en horas, un montañista español fue el primero en desfallecer, negándose a continuar, de esa forma emprendería sólo el regreso hacia Alotenango, supe después que regresó a su hogar sano y a salvo.

Los demás continuaron su peregrinación, pero su paso era perezoso, con un frágil entusiasmo, en sus corazones empezaron a percibir sus dudas, alguien preguntó cuanto faltaba, ante las circunstancias, se improvisó y cambiaron los planes, no acamaríamos en la Horqueta, la decisión fue acertada, acamparíamos en el Mirador – una pequeña planicie ubicada a la mitad del ascenso del Volcán de Fuego –, lo suficientemente amplia como para armar casi todas las carpas de los participantes, sin embargo había que enfilar los pasos en una vereda cada vez más empinada, y para llegar ahí, faltaba como una hora en una marcha cada vez más pesada.

Se generalizó el efecto psicológico, se dejo sentir la ansiedad, trascurrió la hora trasformándose en una eternidad y un poco más, –  cuanto falta, preguntaban algunos –  y no había señales de llegar al Mirador, si mi cuerpo protestaba, mi mente podía engañarlo, estaba determinado a alcanzar la Horqueta, adaptándome a las circunstancias, me sentía dueño de la situación, cerca de la once de la noche, por fin se logró llegar al Mirador, pronto se armaron las carpas – no todas –, ese lugar era muy pequeño, para más de cuarenta personas, incluso en una carpa se refugiaron de la intemperie siete personas, en ese mome