|
LA TRILOGIA
Las Tres Montañas Sagradas;
Volcanes de Agua, Fuego y Acatenango
En el segundo semestre del año 2004, cuando recién había iniciado los ascensos a las cumbres de los volcanes de Guatemala, escuche hablar con asombro, acerca de la actividad más difícil del montañismo guatemalteco, La Trilogía, esta consiste en alcanzar, en un mismo viaje (generalmente en un fin de semana) las cumbres de los centinelas de la meseta central de Guatemala, me refiero a los volcanes: Agua, Fuego y Acatenango, es una especie de peregrinaje, en donde la tierra y sus elementos ofrecen un esplendido paisaje, adornado de singular hermosura y perfección, pero que someten a muy difícil prueba; la fuerza, voluntad y determinación de aquellos simples mortales que intentan alcanzar la cima de estos tres colosos, – La Trilogía –.
Como es tradicional, nuestro punto de reunión fue en Tikal Futura, no obstante que en el correo electrónico que envió K´ashem por medio del cual hicieron la invitación para La Trilogía, señalaba como hora de partida e inicio de esta expedición, las nueve de la noche del viernes 26 de octubre de 2007, algunos (as) compañeros (as) se integraron con varios minutos de retraso, abordamos el autobús que nos trasladaría desde la Ciudad Capital hasta las proximidades del Volcán de Agua, muy cerca de las poblaciones San Juan del Obispo y Santa María de Jesús, previo Roberto de León (es una gran persona y una leyenda en el montañismo de Guatemala, su legado, entre otros: pionero y creador de la actividad que estábamos a punto de iniciar La Trilogía), giraba las instrucciones a seguir e impartía las recomendaciones del caso.
El Volcán de Agua está situado entre los departamentos de Escuintla, Sacatepéquez y Guatemala. Tiene una altura de 3,776 metros y los indígenas kaqchikeles lo conocían como Hunapú. Tiene un cono simétrico muy bello y ha sido uno de los volcanes más visitados y fotografiados por los turistas nacionales y extranjeros, lamentablemente la delincuencia se ha adueñado de este volcán, al ascenso a este volcán se ha tornado muy peligroso, deben extremarse todas las medidas de seguridad, para minimizar el riesgo o continencias de asaltos, adoptar las precauciones, bajo la organización de la Escuela de Montañismo K´ashem, se coordinó el ascenso y descenso con el acompañamiento de varios agentes de la Policía Nacional Civil.
Casi a la media noche de viernes arribamos al lugar conocido con el nombre de "La Cruz", el firmamento estaba despejado lo que nos permitió disfrutar de la caminata en la noche – mejor dicho madrugada – y una visión sin obstáculos de luna llena, previo al inicio de la caminata, realizamos la "Oración del Montañista" posteriormente emprendimos nuestro viaje, dejando atrás el autobús con el equipo completo, solo portamos una mochila pequeña con ropa de abrigo, algunos alimentos y bebidas hidratantes, en un camino de terracería, la claridad derramada por la luna, nos permitía un paso constante y seguro.
La mayor parte del ascenso al Volcán de Agua es relativamente cómodo, posee varios caminos que serpentean su ladera, las veredas proporcionan un acceso entre siembras y cultivos de café, maíz y otros productos agrícolas, que abrevian el camino, pese haber hecho varios reagrupamientos, la falta de sueño, el cansancio y bajas temperaturas muy inferior a las del ambiente a que estoy acostumbrado, habían disminuido mi ánimo, a paso lento, la luna seguía brillando, por momentos era imposible estar despierto, como sombra débil entre la luz y la oscuridad, que no deja percibir dónde empieza la una o acaba la otra, caminé como un sonámbulo, pero no era el único, creo que la mayoría no les fue fácil la vigilia, tal es el caso que dos personas optaron por abandonar el viaje – aproximadamente a la mitad del ascenso al volcán – y se regresaron acompañados por uno de los guías, "El Tocayo".
Situados a gran altitud, en el horizonte, una sonriente aurora nos anuncia el nacimiento de un nuevo día, con su característica luminosidad – luz sonrosada que precede inmediatamente a la salida del sol – hizo resucitar nuestro entusiasmo y alegría porque también la cima del Volcán de Agua estaba muy próxima, y en el cosmos al surgir el sol, reemplazo al satélite natural de la tierra, en lo solitario una tenue luna se despida lenta pero discretamente de nosotros, a lo lejos, entre las nubes, se distinguen las luces de la Ciudad de Guatemala y el Lago de Amatitlán reflejando la luz del amanecer con nublados parciales.
No me había percatado, pero en el sendero, despertó mi curiosidad observar unas machas de color blanco que sobresalían en la mayor parte del camino, al principio pensé que se trataba de minerales como arena o restos sedimentarios que le daban esa coloración, y descubrí que se trataba de hielo – una especie de escarcha, capas de hielo cristalino que se forman sobre las superficies expuestas a la intemperie y que se han enfriado lo suficiente como para provocar la congelación del rocío o del vapor de agua contenido en el aire – que adornaba el camino.
Casi a las siete horas de la fría mañana del sábado alcanzamos la cima del Volcán de Agua, este posee un pequeño cráter y fondo plano, calculo que tiene una circunferencia de unos 30 metros aproximadamente, al fijar la vista sobre la entrada, en el sendero que conduce a la cima, inmediatamente se aprecian las torres y antenas que invaden el paisaje, un pequeño bosque asentado dentro y sobre las paredes algo inclinadas del cráter, le da un toque peculiar, sobre todo porque en el cráter hay una pequeña portería y a un costado una cruz.
Hasta 1541, probablemente el cráter contenía en su interior una laguna, quizás la actividad sísmica del Volcán de Fuego influyeron en el debilitamiento de las paredes del cráter y provocaron el deslave que destruyó la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala fundada por Pedro de Alvarado, al fondo del cráter, rozando la circunferencia, muy cerca del acceso a la cima, casi en total abandono, hay una construcción de piedra y techedumbre de zinc – lamina galvanizada – se utiliza como refugio y también para propósitos religiosos, en su interior se encuentra un Cristo Negro.
En toda la cumbre puntiaguda del volcán que rodea el cráter, se encuentran erigidas las construcciones de block y mampostería reforzada que guardan los modernos equipos de las repetidoras de las señales de radiofrecuencia y bases de las torres y antenas de telecomunicaciones que acaparan la vista a muchos kilómetros de distancia al observar desde muy lejos al Volcán de Agua.
Dando tiempo a que se reincorporara "El Tocayo" – acompaño a dos personas que regresaron a medio ascenso del volcán hacia la población de Santa María de Jesús –, aprovechamos para desayunar y conciliar el sueño, sin embargo, las arenas del tiempo se consumían y se dio la orden de continuar, cerca de la ocho de la mañana, hicimos nuestra "Oración de Cumbre", nos agrupamos para la tradicional foto de cumbre – creo que sólo se uso una cámara, si no me equivoco fue la de Edgar Rivera -, reanudando así nuestra marcha, se visualizaban imponentes y formidables los volcanes Fuego y Acatenango.
No tenía de la menor idea de cómo sería el descenso del Volcán de Agua hacia Alotenango, si bien se trataba de bajar de la cima – tarea aparentemente fácil –, fuimos prevenidos que el descenso no sería fácil, y algunos les provocaría lesiones, especialmente en las rodillas. Al iniciar la bajada, predominan una escasa vegetación, maleza, pajonales y algunos pinos, realmente muy pocos árboles, conforme descendemos, visualizamos unos increíbles paisajes, totalmente despejado, hacia el sur, se aprecia una vista parcial del litoral pacífico; al frente, la ciudad de Alotenango, sin embargo ¡que sorpresa no llevamos, aún se ven muy lejos los volcanes Fuego y Acatenango!
Prácticamente no hay sendero, muy pocas personas bajan del Volcán de Agua hacia Alotenango, la vegetación es mucho más densa, es decir bosques húmedos tropicales, caracterizado por un terreno desigual, pero con flora y fauna abundante, una zona muy rica en biodiversidad, a pesar de ello se improviso una vereda en dirección hacia Alotenango, avanzamos con paso prudente, la vereda tenia un considerable desnivel con cierta pendiente, dificultado el paso, propicio a resbalarse y caer varios metros sin poder detenerse, más de alguien esbozo alguna sonrisa e incluso escuche carcajadas por la caída algún compañero (a), en una especie de rampa muy difícil de bajar, – a excepción de algunos raspones – afortunadamente nadie se lesiono en esta rampa. A los pocos minutos no dio alcance "El Tocayo" quien había bajado del Volcán de Agua hasta Santa María de Jesús.
Gradualmente la pendiente del terreno es menos inclinada, en este hermoso bosque que alberga muchas especies, existe la probabilidad de su pérdida de hábitat, hay evidencia de que esta zona ha sufrido una deforestación extensiva y muchos agricultores locales practican la agricultura de tala y quema, finalmente encontramos un sendero, hicimos un reagrupamiento, leves lesiones en tobillos y rodillas se habían manifestado en varias personas, sin embargo aún faltaba mucho por caminar, y esto agravaría su condición. –Fueron momentos difíciles, en el ascenso y descenso al Volcán de Agua reclamó las lágrimas de varios montañistas –.
Aproximadamente a las dos de la tarde, los primeros montañistas llegaron a Alotenango poco a poco fueron llegando los demás, en el ínterin aprovechamos para almorzar y abastecernos, recobrar un poco las energías, pacientemente esperamos a la llegada de los últimos, algunos sus lesiones se les resintieron, incluso los indecisos optaron por no continuar, quedarse en Alotenango y regresar a sus hogares, excepto por las lesiones, la primera etapa de La Trilogía concluyó con éxito.
A partir de este lugar – Alotenango –, los que tomaran la decisión de continuar La Trilogía, habían recibido advertencia y prevención, consientes de que los guías no regresarían para acompañar a los que tiraran la tolla, la misión era clara, alcanzar las siguientes dos cumbres (Fuego y Acatenango), aún así, más de cuarenta personas de diferentes edades incluso algunos niños, entre los participantes habían montañistas aficionados, novatos, así también montanistas experimentados y profesionales, aceptaron el reto de continuar.
Aproximadamente a las cinco de la tarde se inicio la caminata hacia el Volcán de Fuego, en un camino de terracería, encontramos en nuestro recorrido hacia la siguiente cumbre, a algunos pobladores y sus bestias de carga, transportan leña y productos de las cosechas y siembras. Con nostalgia se apreciaba muy distante el Volcán de Agua, en nuestro viaje había quedado atrás, no sin antes haber consumidos a los montañistas la mayor parte sus energías, sin embargo aún había alegría en sus corazones y en sus ojos.
Una ardua jornada nos esperaba, se estimaba que llegaríamos a la Horqueta – La meseta donde convergen los volcanes Fuego y Acatenango – lugar donde acamparíamos, a eso de las dos o tres de la madrugada del día domingo, que posibilidades habrían de realizar la travesía, considerando el factor del desvelo agravado por el cansancio, alrededor de cuarenta horas sin dormir, lo inevitable estaba apunto de suceder. Al caer la noche, se vio cómo la luz del día y el crepúsculo se fundían en una misma cosa, a paso lento, los segundos se transformaron en minutos, los minutos en horas, un montañista español fue el primero en desfallecer, negándose a continuar, de esa forma emprendería sólo el regreso hacia Alotenango, supe después que regresó a su hogar sano y a salvo.
Los demás continuaron su peregrinación, pero su paso era perezoso, con un frágil entusiasmo, en sus corazones empezaron a percibir sus dudas, alguien preguntó cuanto faltaba, ante las circunstancias, se improvisó y cambiaron los planes, no acamaríamos en la Horqueta, la decisión fue acertada, acamparíamos en el Mirador – una pequeña planicie ubicada a la mitad del ascenso del Volcán de Fuego –, lo suficientemente amplia como para armar casi todas las carpas de los participantes, sin embargo había que enfilar los pasos en una vereda cada vez más empinada, y para llegar ahí, faltaba como una hora en una marcha cada vez más pesada.
Se generalizó el efecto psicológico, se dejo sentir la ansiedad, trascurrió la hora trasformándose en una eternidad y un poco más, – cuanto falta, preguntaban algunos – y no había señales de llegar al Mirador, si mi cuerpo protestaba, mi mente podía engañarlo, estaba determinado a alcanzar la Horqueta, adaptándome a las circunstancias, me sentía dueño de la situación, cerca de la once de la noche, por fin se logró llegar al Mirador, pronto se armaron las carpas – no todas –, ese lugar era muy pequeño, para más de cuarenta personas, incluso en una carpa se refugiaron de la intemperie siete personas, en ese momento el sueño y el cansancio ganaron la batalla, los montañistas sucumbieron ante estos crueles e ingratos adversarios, pero aún estaba convencido de que podía llegar al Volcán de Fuego y dormir en la Horqueta, sin embargo sucedió algo que me derribaba y resignado acampé en el Mirador.
En la madrugada, como a las cuatro de la mañana, un grupo de montañistas, pertenecientes a la Asociación de Andinismo, nos dieron alcance en el Mirador y prosiguieron su camino al Volcán de Fuego. Increíble, casi dos días de estar despierto, el haber conciliado el sueño en el Mirador, fue una experiencia poco común, renovó nuestro ánimo, energía y entusiasmo, casi a los ocho de la mañana reanudados el camino, previo aprovechamos para alimentarnos e hidratarnos, tuve la oportunidad de adelantarme, desde el Volcán de Fuego se puede apreciar hacia el centro oriental del país, el Volcán de Agua, el complejo volcánico del Pacaya, aunque no muy altos, pero no menos vistosos, los volcanes del oriente del país, frontera con El Salvador, hacia el occidente, los volcanes centinelas del Lago más hermoso del mundo, así también los volcanes Zunil, Santo Tomás, Santa María, a lo lejos se aprecian los volcanes Tajumulco y Tacaná – frontera con México –, dí gracias Dios por permitirme apreciar tan inigualable paisaje.
La segunda cumbre fue alcanzada, se completo la segunda etapa – El Volcán de Fuego – luego emprendimos el viaje hacia La Horqueta. Llegando a ese lugar como a la una de la tarde, evidentemente, a pesar de haber dormido, el cansancio aún estaba presente, algunos aprovecharon para dormir aunque sea unos minutos, o simplemente descansar, las provisiones de alimentos y bebidas escaseaban, luego del reagrupamiento en La horqueta, se formaron varios equipos de trabajo para el ascenso al Acatenango, por ejemplo, equipo de los compañeros que están entrenando para unas competiciones deportivas, los expedicionarios de Ecuador y México, etc., ya sólo faltaba un volcán, El Acatenango.
En condiciones normales y con mochila completa, el ascenso desde La Horqueta al Volcán Acatenango toma en promedio unas dos horas, pero bajo las circunstancias a las que fuimos sometidos nos hicimos casi el doble de tiempo, durante el ascenso transcurrió muy lento, sin embargo, una de las compañeras fue presa de la fatiga, el cansancio, y quiso tirar la toalla, vi como sus ojos se humedecían y varias lágrimas – amargas y silenciosas – corrieron por sus mejillas, al verle llorar, en mi garganta se formo un nudo, le indique que faltaba poco para llegar a la cima del Acatenango, intentaba darle ánimos, pronto supero su aflicción, y reanudo la marcha.
Mi reloj señalaba las cinco de la tarde cuando alcanzamos la cima del Volcán Acatenango, nos dio una fría bienvenida el viento acompañado de su amiga, la neblina, pronto otros grupos o equipos alcanzaron la cumbre, nos dirigimos hacia la parte más alta del Plato – la cima del Acatenango a 3,976 metros sobre el nivel del mar – por unos segundos se despejo, aprovechamos para tomar la foto de la tercera cumbre y última etapa de La Trilogía, - bueno aún nos faltaba descender hacia el Parcelamiento Agrario La Soledad.
Cómo podía expresar con palabras la sensación que había inundado nuestros corazones, contemplando desde lo alto en el horizonte, un hermoso atardecer, también nos acompañó la noche, posteriormente bajamos hasta el refugio conocido con el nombre de "El Conejo" en donde realizamos un reagrupamiento, a la espera que todos se reintegraran al grupo, "El Tocayo", preparó una deliciosa sopa, la cual compartió con todos, finalmente reanudamos nuestro camino hacia el Parcelamiento Agrario La Soledad, en donde nos esperaba el autobús, con una incontenible alegría, la actividad más difícil del montañismo guatemalteco – La Trilogía – había sido completada.
Felicitaciones a todos los participantes de este inolvidable viaje y muchas gracias por haber compartido – con mucho esfuerzo, sacrificio pero con determinación y voluntad – las cumbres de las Tres Montañas Sagradas, sobre todo gracias a Dios por habernos permitido, bajo su bendición y protección culminar con éxito La Trilogía.
Un agradecimiento muy especial a mi gran amiga Elda, me siento afortunado de contar con su amistad, siempre estuvo pendiente de mi y lamento haberle causado preocupación, se me olvido comunicarme con ella, muchas gracias por su incondicional apoyo, que Dios la bendiga hoy y siempre.
Hasta la próxima cumbre.
Blagmiro Contreras
Fotos de este viaje en http://picasaweb.google.es/blagmiro/LaTrilogA
|